He ido a un municipio a impartir un taller, un análisis del caso de Gisèle Pelicot, quien, por si alguien no lo sabe, ha sido víctima durante más de 10 años de violaciones sexuales por parte de su marido y otros más de 50 hombres sin ella saberlo. Pero esto, es lo de menos.
Lo más importante de esta experiencia es que, al terminar el taller, he conocido personalmente a una mujer víctima de agresión sexual y acoso. Una mujer que ha tenido la valentía de resistir esta sesión sobre malos tratos y violencia de género tan brutal, y que lo ha hecho con una entereza increíble. Y no sólo por el contenido, sino también por estar acompañada de las personas que la han revictimizado.
Yo ya iba en el coche, estaba echando marcha atrás cuando, levantando la mano y tras bajar yo la ventanilla, me ha invitado a hacerme una pregunta. Una mujer que, con valentía y con una mirada única, ha sido capaz de presentarse con su nombre, de contarme lo ocurrido. De contarme que le costó dar el paso de denunciar; que sintió miedo y vergüenza, que ha necesitado la ayuda de un psicólogo para poder vencer la situación. Que ha tenido y tiene episodios depresivos y de ansiedad.
Le he preguntado si le podía dar un abrazo. Y al decirme ella que sí, inmediatamente he puesto el freno de mano, me he bajado del coche y le he dado un abrazo en nombre de toda la sociedad. Porque se lo debemos.
Se lo debemos, porque la víctima ha sido señalada y cuestionada.
No es una novedad, por desgracia, que, por un injusto juicio social infundado en los rumores y el aburrimiento popular, se revictimice a la víctima. Es decir, una mujer que ha sido agredida sexualmente, acosada y maltratada por varias vías, es señalada por el pueblo porque al denunciar le ha arruinado la vida a un pobre hombre…
Durante el taller, hemos tratado el tema de las denuncias falsas, sin tener ni idea en ese momento esta parte ha sido crucial. Por lo visto, a pesar de que el agresor confiesa sus actos y que ha habido una sentencia firme condenatoria del juzgado de lo Penal núm. 6 de Granada, sobre la víctima se ha comentado en el pueblo que “ha interpuesto una denuncia falsa” por sus “ansias de poder” y “quedarse” así con el puesto político que ocupaba el agresor. Chorradas, con perdón:
- ¿Hay denuncias falsas? Sí, es cierto que existen. Suponen un 0,0087% del total de las denuncias interpuestas por agresión sexual desde 2009 hasta 2022 según los datos comparados del INE, Ministerio de Justicia y el Sistema Viogen.
- De cerca de 2 millones de denuncias en ese periodo, 153 han terminado en sentencia condenatoria por denuncias falsas (menos del 1%, insisto). Que sí, que las denuncias falsas existen, pero quien comete ese delito es condenado por ello y cumple su pena. No sale impune.
- Recordemos, además, que en un juicio de esta índole no es el hombre quien tiene que demostrar que no cometió el delito, por aquello del principio de presunción de inocencia. Sino que es la supuesta víctima quien debe demostrar que fue agredida.
- De estos juicios, los que no acaban con sentencia por agresión sexual, no es porque se trate de una denuncia falsa. Simplemente, termina sin condena por falta de pruebas, lo cual no quiere decir que la denuncia sea falsa, sino que no se ha podido demostrar finalmente la agresión.
- Puede ser que ante la falta de pruebas un agresor que realmente lo sea, quede libre finalmente.
En este caso que he conocido, donde una mujer denuncia, donde un agresor confiesa y donde un juez dicta sentencia firme con una orden de alejamiento y dos años de prisión, el pueblo y el entorno más cercano, incluido el laboral que coincide con el plano político, vuelven a negar la realidad: señalan, discriminan y critican a la víctima y “a sus intenciones”.
¿Qué intención puede haber en esta denuncia, más allá de la justicia, la protección de una víctima y de otras futuras, que el cumplimiento de una justa pena y la recuperación psicológica de la mujer agredida?
LA NEGACIÓN DEL PROBLEMA
Para mí, lo peor de todo, es la negación del problema. El anteponer justificaciones absurdas a la cruda realidad, aquellas de es que lo has malinterpretado, era una broma, si es un buen hombre, no le arruines la vida, no es para tanto, seguro que la denuncia es falsa, no es para ponerse así, ¡pero si es padre! y otras muchas gilipolleces anormalmente validadas que atentan contra la razón, la ética, la justicia y la propia razón y pura existencia de la sociedad.
Estoy segura de que el Sol va a salir de nuevo en tu corazón iluminando a quienes niega lo evidente. Y, además, gracias a ti, también llegará la luz del alba a esta sociedad tan falta de conciencia, tan escasa de reconocimiento de un problema que nos afecta a todas las personas y tan vacía de sentimiento de protección a las mujeres víctimas de malos tratos machistas.
Para mí eres un referente de valentía y coraje.
Y, aunque lamento profundamente las circunstancias, ha sido un placer conocerte y poder aprender de tanto de ti.
No estás sola.
Gracias por iluminar el camino.
Almen Molten
Más información sobre el caso:
https://www.elmundo.es/andalucia/2024/12/18/676311b4e9cf4ac77c8b4588.html


[…] He conocido a una mujer a la que han agredido sexualmente y a la que, además, la han apartado socialmente por denunciar al agresor, ha perdido su puesto de trabajo y ha sido señalada por su comunidad local […]