En Comunicación y Marketing, el rebranding constituye una de las operaciones más delicadas y trascendentes en la vida de una marca. No se trata de cambiar un color o redibujar un logotipo, sino de revisar la identidad profunda de un proyecto y preguntarse si su imagen sigue siendo un reflejo fiel de su propósito. Cuando la respuesta es no, el rebranding aparece como un acto de honestidad y de coherencia estratégica.
Una marca que evoluciona —como cualquier organismo vivo— necesita actualizar su narrativa visual y conceptual para no quedar anclada en un relato que ya no le pertenece. El rebranding, por tanto, no es un gesto cosmético: es una decisión que afecta a la percepción, al posicionamiento y a la relación con la comunidad.
Por qué una marca decide rebrandearse
Las motivaciones suelen agruparse en tres grandes ejes:
- Evolución del propósito: cuando la misión, los valores o el modelo de negocio se transforman.
- Cambio del público objetivo: nuevas audiencias requieren nuevos códigos visuales y discursivos.
- Desajuste entre identidad y percepción: la marca ya no representa lo que es, lo que hace o lo que aspira a comunicar.
En todos los casos, el rebranding es una respuesta estratégica a un contexto que ha cambiado, no un capricho ni una moda pasajera.
El rebranding de Mercedes Barrutia: “nos pasamos al verde”
El ejemplo más cercano —y quizá el más ilustrativo— es el de mi propia marca: Mercedes Barrutia.
Hace veinte años, mi actividad profesional se centraba en el periodismo. De ahí nació Periodísticamente, una identidad vinculada a la mirada crítica, a las gafas azules que me acompañaban y a un universo visual que respondía a aquella etapa.
Pero las marcas, igual que las personas, crecen.
Hoy mi trabajo se sostiene en otros pilares: comunicación ética, proyectos colaborativos, compromiso social, formación profesional, pensamiento crítico y acompañamiento a comunidades. Ese cambio de fondo exigía un cambio de forma.
Esto, sumado a la puesta en marcha del proyecto Formación Profesional, Educación Social & Coworking de Mercedes Barrutia, que tiene la imagen de marca en colores verdes y amarillos como un jazmín, me ha llevado a unificar todo bajo una misma imagen.
Por eso, nos pasamos al verde. El verde no es un color elegido al azar: es crecimiento, raíz, cuidado, aprendizaje y comunidad. Es el color que sostiene mi jazmín, símbolo de una marca que ya no se define solo por informar, sino por acompañar, formar, comunicar y transformar.
¿Significa esto que renuncio al azul?
No.
La coherencia visual sigue siendo esencial, y cada color cumple una función comunicativa según el mensaje y la audiencia.
Pero la identidad principal, la que articula el proyecto, es ahora verde.
Este rebranding no es un adorno: es una declaración de intenciones.
Ejemplos cotidianos que ayudan a entenderlo
Aunque el concepto pueda sonar técnico, lo vemos constantemente en nuestra vida diaria. Dos ejemplos muy reconocibles:
1. De Securitas Direct a Verisure
Uno de los rebrandings más comentados en España. La compañía necesitaba una identidad más global, más tecnológica y menos vinculada a la estética corporativa de sus orígenes. El paso a Verisure permitió ampliar su posicionamiento hacia la seguridad inteligente y los servicios conectados. En términos coloquiales: “Ya no vendo solo alarmas; vendo tranquilidad digitalizada”. Ese matiz lo cambia todo.
2. El negocio que “se hace mayor”
Imaginemos una cafetería que empezó como un local familiar y hoy es un espacio de coworking, brunch y eventos culturales (bueno, de coworking, no, no quiero más competencia). Su logo inicial —quizá una taza dibujada a mano— ya no representa la experiencia actual. Como diría cualquier clienta habitual: “Sigue siendo mi sitio de siempre, pero ahora es otra cosa”. Ese “otra cosa” es exactamente lo que el rebranding debe capturar.
Rebrandear es un acto de honestidad
Rebrandear no es disfrazarse; es desnudarse. Es reconocer que la marca ha cambiado y que merece una identidad que esté a la altura de su presente y de su futuro. Es un proceso que exige método, sensibilidad y una comprensión profunda de la esencia de la organización.
Cuando se hace bien, el rebranding no sólo actualiza la imagen: renueva la relación con la comunidad, clarifica el propósito y abre nuevas posibilidades de crecimiento.
Si sientes que tu marca ya no refleja quién eres o hacia dónde te diriges, puedo acompañarte en ese proceso con rigor, estrategia y sensibilidad profesional.
Si necesitas un rebranding, contáctame.
mercedesbarrutia.com
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