La escena se repite con una frecuencia inquietante. La formulación aparenta curiosidad legítima; el trasfondo revela desconocimiento estructural. La comunicación continúa situada en un territorio ambiguo: visible en resultados, invisible en procesos.
Durante una sola jornada profesional pueden converger tareas propias de dirección estratégica, análisis de mercado, consultoría reputacional, redacción especializada, planificación editorial, gestión de crisis, formación, coordinación de equipos, investigación sociocultural y evaluación de métricas. Doce competencias. Doce responsabilidades. Una misma disciplina.
¿Por qué, entonces, persiste la percepción de superficialidad?
La respuesta hunde sus raíces en una tradición productivista que prioriza lo tangible. Aquello que se fabrica, se mide en unidades físicas o se almacena resulta fácilmente cuantificable. La comunicación, en cambio, opera en el plano simbólico. Construye significados. Ordena discursos. Define marcos interpretativos. Su impacto no siempre es inmediato, aunque sí profundamente estructural.
Sin relato coherente, una organización carece de identidad reconocible. Sin identidad, pierde posicionamiento. Sin posicionamiento, diluye su legitimidad social y económica. La comunicación no solo transmite información: configura la percepción pública que determina confianza, inversión, fidelidad y sostenibilidad.
Desde una perspectiva económica, subestimarla implica asumir riesgos reputacionales elevados. Las crisis contemporáneas rara vez nacen de un único error operativo; emergen de incoherencias discursivas acumuladas. Allí donde no existe estrategia narrativa, proliferan contradicciones.
Por otro lado, desde una dimensión ética, la cuestión adquiere mayor profundidad. Comunicar supone asumir responsabilidad social. Significa articular valores, transparentar decisiones, facilitar comprensión. En contextos polarizados y saturados de estímulos, la ausencia de profesionalización comunicativa favorece la desinformación y debilita la calidad democrática.
Tal vez la pregunta correcta no sea a qué me dedico.
La pregunta pertinente sería: ¿puede una organización permitirse no comprender el alcance real de la comunicación?
Reivindicar su valor no constituye una defensa corporativa. Representa una exigencia estructural para cualquier proyecto que aspire a coherencia, legitimidad y permanencia.
.
.
.
.
mercedesbarrutia.com
COMUNICACIÓN – HUMANIDAD – PROFESIONALIDAD
Y pensamiento
🔵🔵🔵
Formación y educación social
Porque es fundamental 🌼

