Antes de que uno abra la boca, ya está siendo juzgado. Por su aspecto, por cómo huele, por como tiene el pelo o por cómo viste. Imagínate cuando la abres lo que puede pasar: si caes bien, la otra persona te considerará un igual. Si caes mal, te considerarán como otro. Y, en cualquier caso, de qué color lleves la chaqueta será determinante para ese juicio a tu personalidad.

El contexto

El otro día hablaba con un cliente sobre la necesidad o no de diferenciar contenidos entre la esfera profesional y personal. Y, en el caso en cuestión, tras un análisis, yo aconsejaba tener dos perfiles en redes sociales. La conversación continuó y se enroscó, así que comencé con unos ejemplos sobre qué cosas publicaría o no en cada uno de ellos, estableciendo así límites para cada uno:

  • Por ejemplo, aunque esté en contra de la pederastia y en principio todo el mundo lo está, yo no diría en mi perfil profesional que soy anti-pederastia- dije.
  • ¿Y por qué no? No veo el problema-. Me respondió la persona con la que hablaba.
  • Porque la gente hace juicios que mi marca no necesita- añadí.
  • Pues no lo entiendo- me contestó.

Nuestra conversación continuó y, en un momento dado, la persona con la que hablaba se puso a revisar mi perfil de Instagram:

  • Qué bien te sienta la chaqueta azul- dijo. -La chaqueta esa morada que me llevas es muy podemita…- sumó.
  • No es de Podemos.
  • Tía, yo no te hacía para nada podemita… ¿eres de Podemos?
  • No, yo nací en Melilla- respondí.

¿Se acuerdan cuando dije que mi marca no necesita ciertos juicios?
En ese punto estamos justamente.

El problema

La americana azul no fue un problema para esta persona, al revés, lo identificó como algo positivo y me explicó que el color me favorecía.
El problema fue el blazer morado, que rápidamente identificó como algo diferente a él.
Y pasé de ser una igual, favorecida por un color, a otra, marcada por otro tono.

Los estereotipos, de los que hemos hablado varias veces en este site, son una distorsión cognitiva. Es decir, un error de pensamiento, que suele ser negativo, y que nos perjudica. En este caso, esa persona, por un estereotipo (el color morado es de Podemos), ha cambiado su juicio hacia mí: ha pasado de considerarme una igual – creemos que todos los que nos caen bien piensan como nosotros porque damos por válida nuestra conducta-, a considerarme una extraña -alguien que no piensa como él-.

Hasta ahora he sido juzgada y “condenada” a ser, por…:
Pelo corto, lesbiana.
Beber tónica de marcha, aburrida.
Tener dos doctorados y varios másteres, monja.
Llevar una chaqueta morada, podemita.
Llevar corbata o abrocharme la camisa hasta arriba, opusina.
Ponerme sombrero, bohemia o progre.
Llevar una americana azul oscuro con camisa, facha.
Gafas de pasta de colores, muy moderna.
No tener hijos, antinatura.
Por quejarme cuando un compañero habla de las tetas de una compañera, feminazi de esas.
Por leer un libro sobre el matrimonio religioso, creyente.
Por cuestionar la fe, atea.

Ni creyente, ni lesbiana, ni monja, ni moderna, ni antinatura, ni podemita, ni facha, ni atea, ni feminazi… Soy persona y puede que sea un poco de todo lo anterior como consecuencia. Y obviamente, como tal, habrá cosas en las que coincida con otras personas y en las que no.

La autocensura

Y si fuese algunas de estas cosas, ¿qué pasaría? ¿Te caigo peor cuando lo descubres? ¿Soy peor persona que el segundo anterior? ¿Contratarías mis servicios profesionales si supieras cómo pienso más allá del ámbito laboral?

Cómo solucionar todas estas cuestiones, está claro: con la autocensura.

Yo misma decido que una parte de mi libertad de expresión debe ser reprimida a favor de mi marca o de mi bienestar. ¿Me gustaría decir abiertamente que soy activista anti-pederastia y anti-violencia, si así lo fuere? Sí, me gustaría. ¿Lo digo? No, porque entiendo que me pueden encasillar en algo que soy/no-soy y ello puede perjudicarme.

La estupidez

La estupidez es pensar que todo el que te cae bien piensa como tú y que no hay más perfiles en el mundo más que el tuyo, que es el válido.
Y también pensar que nadie te va a juzgar por tu forma de vestir.
Otra cosa es que te de igual, que nos tiene que dar.
Pero juzgarnos, nos van a juzgar, y saldremos o no airosos dependiendo de seamos un igual o un extraño.

El consejo como profesional de la comunicación para ti y tu marca:  

Si tienes una intensidad muy alta a nivel personal y muy alta profesionalmente hablando -o quieres tenerla- en redes sociales, separa los perfiles y crea una estrategia para el profesional.

Aunque habría que estudiar cada caso, cada perfil y cada marca, en muchos casos es mejor separar estas dos realidades para cumplir objetivos. Luego, incluso quizá puedas vincularlos como parte de esa estrategia.

En resumen, pregúntate:

  • ¿Qué quiero conseguir para mi marca? Escribe tus objetivos.
  • ¿Eso lo puedo conseguir desde mi perfil personal? Valora ventajas e inconvenientes.

Y, en caso de duda o de no saber avanzar, llama a una profesional para asesorarte, aunque lleve una chaqueta azul. Perdón, morada.   

Deja una respuesta